Desde el principio busqué que lo que estaba observando fuera conocido, investigado y comprobado por médicos, instituciones y organizaciones con la capacidad para hacerlo.
No pedí que creyeran en mi palabra ni que afirmaran que mis productos funcionaban sin evidencia. Pedí orientación, mostré casos y solicité que los resultados fueran investigados. Desde 2017 acudí personalmente con especialistas y responsables de instituciones públicas; posteriormente, dejé constancia formal por escrito y continué informando a distintas organizaciones.
Nunca quise que una responsabilidad de esta magnitud recayera únicamente sobre mí. Si los resultados que estaba observando podían tener implicaciones importantes para personas con distintos problemas de salud, consideré necesario acudir a quienes contaban con los conocimientos, los medios y la capacidad institucional para determinar qué estaba ocurriendo y qué debía hacerse.
Esta situación también ha tenido consecuencias profundas en mi vida y en la de mi familia. Necesito atender mi propia vida y mi salud, y considero urgente que aquello que he intentado poner en conocimiento de terceros durante años sea finalmente investigado, comprobado o refutado por las instituciones correspondientes.
En esta sección podrás conocer a quién informé, cuándo lo hice, qué dije, qué solicité y qué respuesta obtuve —o no obtuve—. Encontrarás videos, comunicaciones y documentos; además, podrás consultar y descargar el escrito original presentado en marzo de 2019 ante el Instituto Dermatológico de Jalisco y conocer posteriormente a otras instituciones y organizaciones a las que informé.
No pido que me crean. Revisen los videos, lean los documentos y formen su propia opinión.
En 2017 acudí personalmente con el Dr. José Fernando Barba Gómez, entonces director del Instituto Dermatológico de Jalisco, para informarle sobre los resultados que estaba observando y pedir orientación sobre qué debía hacerse. Llegué con él después de haber contactado al Dr. Carlos Alfredo Mena Cedillos. En la conversación expuse distintos casos y dejé claro que mi intención era ponerme a disposición y buscar que estos resultados fueran atendidos e investigados por quienes tenían los conocimientos y la capacidad institucional para hacerlo.
En marzo de 2019 entregué por escrito a la Dra. Ma. del Rocío Ferrusco Ontiveros, entonces directora del Instituto Dermatológico de Jalisco, información sobre los resultados que estaba observando y mi intención de realizar estudios clínicos para comprobarlos. El documento fue recibido por el Instituto. No recibí respuesta escrita. El artículo 8° constitucional establece que a toda petición debe recaer un acuerdo escrito y hacerse del conocimiento del peticionario en breve término. Esa omisión vulneró mi derecho de petición.
El Dr. Carlos Alfredo Mena Cedillos fue uno de los primeros médicos a quienes informé sobre mis observaciones. Conoció el caso de una paciente suya con epidermólisis bullosa y posteriormente me indicó acudir con el Dr. Fernando Barba, entonces director del Instituto Dermatológico de Jalisco. Años después volví a buscarlo. Su posición fue que un solo caso no constituye evidencia suficiente para defender científicamente un tratamiento y que se requieren ensayos clínicos. Precisamente eso es lo que he pedido durante años: que estos resultados sean investigados y comprobados.
En marzo de 2019 presenté por escrito ante el Instituto Dermatológico de Jalisco información sobre los resultados que afirmaba estar observando, los motivos de mis investigaciones y la necesidad de que fueran atendidos por personas e instituciones con capacidad para evaluarlos. El documento fue recibido oficialmente el 7 de marzo de 2019.
Este escrito es importante porque permite comprobar qué estaba diciendo en ese momento, años antes de la controversia actual. No se trata de una reconstrucción posterior: es un documento fechado y recibido por la institución. En él dejé constancia de lo que sostenía, de mi situación y de mi intención de poner esta información en conocimiento de las autoridades.
No recibí respuesta escrita. Por ello, además de su valor documental e histórico, el escrito plantea una cuestión jurídica respecto del derecho de petición reconocido por el artículo 8° constitucional.
Puedes descargar el documento original completo y leer exactamente lo que comuniqué en 2019. (Haciendo clic aquí)

No acudí solamente con médicos e instituciones públicas. También busqué asociaciones y fundaciones directamente relacionadas con algunas de las enfermedades y condiciones sobre las que estaba observando resultados. Entre ellas se encuentran:
Mi intención no era pedir dinero ni obtener algún beneficio de estas organizaciones. Acudí porque consideré que la información que llevaba podía ser importante para las personas a quienes representan, atienden o apoyan. Sin embargo, en varios casos la experiencia fue profundamente decepcionante y llegué a sentir que era yo quien acudía a pedir un favor, cuando mi intención era precisamente ofrecer información que consideraba importante.
Conservo pruebas de distintas comunicaciones y conversaciones. No desarrollaré aquí cada caso, porque esta página busca presentar solamente una síntesis.
Las fechas, comunicaciones, pruebas y experiencias con cada organización serán documentadas y ampliadas en Enrique y la Vida .bio.
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Es necesario que comprueben si miento o digo la verdad. Referente a mis investigaciones, donde afirmo que he descubierto cómo aliviar diferentes enfermedades, considero obligatorio que sus resultados deben investigarse, compartirse y regularse.
Tienen derecho y la obligación a dudar, pero considero que también existe la responsabilidad de verificar si lo que afirmo es verdad. No aceptaré que la duda se convierta en invalidación sin investigación.
Si estoy equivocado, que la evidencia lo demuestre. Pero si estoy en lo cierto, hay vidas, salud y sufrimiento humano de por medio.
Yo y los míos también estamos de por medio, y necesito dejar de cargar solo con una responsabilidad que debe ser compartida.
Resulta deplorable que médicos, abogados, psicólogos, creadores de contenido, así como miles de seguidores de estos “influencers”, me ataquen, amenacen o acosen, cuando lo que debería hacerse es comprobar o refutar mis dichos y, si los resultados se confirman, buscar que lleguen a los millones de enfermos que afirmo podrían beneficiarse de mis investigaciones.
Esto debe investigarse, comprobarse o refutarse y, si los resultados se confirman, regularse y legislarse adecuadamente.
La ciencia exige dudar. La verdad exige comprobar.